¿Cómo gozar de la vida de Dios en medio de los problemas? Deje que Dios se encargue de sus problemas; ponga sus cargas sobre Él y haga lo que nos ha enseñado a hacer: ¡disfrutar la vida!
Una noche me pareció sentirme triste. Tan solo caminaba por la casa, hacía lo que tenía que hacer, pero no estaba contenta, no disfrutaba la vida.
– ¿Qué pasa conmigo, Señor? –le pregunté–. ¿Cuál es el problema?
Tal parecía que algo estaba oculto dentro de mí; algo que drenaba la alegría fuera de mi ser. Mientras rondaba por la casa, comencé a observar el cajón en donde guardo Las Escrituras. Lo abrí, y el Espíritu Santo dentro de mí confirmó al instante la siguiente Escritura: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).
De inmediato supe que gran parte del problema era simplemente que dudaba y no creía. Dudaba del llamado de Dios en mi vida y me preguntaba si Él cubriría nuestras necesidades económicas y cuestionaría mis decisiones y acciones, entre otras cosas.
Me torné negativa en lugar de ser positiva.
La duda es un proceder que muy fácilmente se apodera de nosotros. Definitivamente, la duda podría llegar a tocar la puerta de nuestro corazón. Cuando eso suceda, responda con un corazón creyente, y siempre obtendrá la victoria.
La duda y la incredulidad se roban el gozo, pero el tan solo creer con inocencia deja salir a flote el gozo que hay en nuestro espíritu, debido al Espíritu Santo que mora en nosotros. Pero si el alma de una persona llegase a estar llena de preocupaciones, pensamientos negativos, razonamientos, duda e incredulidad, esas cosas negativas se tornarán como en una especie de muro en ella.

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