Según el diccionario de la RAE, llorar quiere decir "derramar lagrimas, Encarecer lástimas, adversidades o necesidades, especialmente cuando se hace importuna o interesadamente."
Muchos dicen que el llanto limpia el espíritu, que aliviana las penas y deja el dolor fluir fuera de nuestro ser, la verdad, ese no es mi caso, porque por más que lloro, por más que dejo que las lagrimas fluyan de mis ojos, el dolor sigue allí, consumiéndome desde las entrañas, dejando vestigios de un remordimiento que me rasga como atravesando mi carne, agudizando mi agonía, por un dolor causado a almas inocentes, un sufrimiento provocado a los seres más puros y tiernos de la tierra, seres incapaces de herir a otros, pero con corazones tan grandes y puros, que su delicadeza solo puede ser comparada con la fragilidad de las alas de una mariposa al dejar su capullo para entregarse aleteo ante el inclemente brisar.
Desearía poder preguntarme la razón de esta pena, pero yo ya la sé. Clave una daga en su pecho, una daga de maldad camuflada en poemas y falsas promesas de amor; con tanto impulso que pudo atravesar océanos a velocidades aun incomprensibles para mi razón. Pero su cuerpo estaba de espaldas al mío, y al igual que en alguna obra de un escritor de comedia trágica de antaño, esta daga no tardo en atravesar de igual manera mi pecho, envenenando mi ser, hundiéndome en mi propia tragedia, lanzándome a una fosa sin fin que yo mismo cave con cada una de mis promesas de amor.
Cierro mis ojos pidiendo perdón a mi Creador, aun cuando yo mismo no puedo perdonarme. El dolor sigue allí. Y entonces escribo estas palabras esperando que el alivio llegue con el desahogo, y justo cuando creo que se ha ido, pruebo nuevamente su filo en mi pecho. Y me pregunto "¿tiene algún caso esperar que palabras apacigüen mi remordimiento, incluso cuando ese llanto a gritos que baña mis ojos con lagrimas merecidas, no pudo?" . Aiutto.